¡A QUE TE DOY UN BESO…!

Un beso, es un acto sencillo, básico e importante, y como todo el mundo sabe (RAE); se trata de: “Tocar u oprimir con un movimiento de labios a alguien o algo como expresión de amor, deseo o reverencia o como saludo”  

Recibir o dar un beso, ha sido casi siempre un acto de acercamiento, de afecto y comunicación. En nuestro occidente, el dar un beso, se ha considerado como una acción positiva ya que… un beso es un beso…

El beso tiene a los labios como “herramienta” esencial, y los labios son la vía de ingreso del alimento. Y que juntamente con la nariz, son las vías por donde ingresa el oxígeno a nuestro cuerpo. No debemos olvidar que podemos dejar de hacer cosas durante tiempo, comer, dormir e incluso ir al baño, pero no podemos dejar de respirar, más allá de un par de minutos, los que estén pulmonarmente bien dotados. Y es justamente por donde el Covid-19 nos invade.

Hemos estado “confinados”. Que es recluir a alguien dentro de unos límites, señalándole una residencia obligatoria. Y durante casi dos meses, hemos tenido que vivir solos o con los de nuestro círculo vital. Con lo que el dar abrazos o besos no representaba ningún cambio o problema. Pero, cuando empezamos a salir del confinamiento, nos vemos con muchas personas, que ahora, saludamos a lo japonés, con una leve o no tan leve inclinación de cabeza. Pero ningún beso.

Acostumbrados, como culturalmente estamos, a tocarnos y besarnos, muchas personas se sienten frustradas y les cuesta mucho mantenerse la margen de los besos y abrazos.  Hay mucha necesidad de besos o abrazos. Y tal cómo está la situación, darnos besos y abrazos, respirar el mismo aire, puede producir transmisión de virus, en cualquier dirección de abrazado – abrazador, por eso hay riesgo de nuevos brotes.

No es más que un reflejo de nuestro modelo cultural de comunicación. Pero ahora, ese acto tan sencillo y básico, se ha tornado en un riesgo, una posibilidad de contagio. Y por eso es viable ahora aquello de amenazar irónicamente con:  ¡A que te doy un beso!

Que pena… Pero durante un tiempo tendremos que mantenernos físicamente distantes. Y tendremos que conformarnos con saludos verbales y gestos visuales. Hasta que un beso vuelva a ser ese acto sencillo de comunicación y de transmisión de afecto y confianza.

Pero lo bueno, es que después de todo esto, tengo claro que daré y aceptaré besos de verdad y no de compromiso, como lo hemos estado haciendo hasta ahora. Y quizás sea capaz de ser sincero y selectivo con mis expresiones de afecto. Al menos lo intentare.

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QUÉ PENA….

Hace unas semanas, cuando la orientadora, le preguntaba a una adolescente debido a su bajo rendimiento, a fin de ayudarle a encontrar posibilidades de seguir preparándose, la joven respondía, muy sinceramente…”ya me gustaría poder ir al instituto, pero no puedo madrugar…  las 8.30 es muy temprano”….Qué pena..

Hace unos pocos días, una pareja solicito que les orientemos acerca de la forma de conseguir que su hijo, un adolescente, asumiera responsabilidades y sobre todo que dejara de comportarse agresiva e irreflexivamente. Tienen, en lo personal, todos los recursos necesarios para hacerlo muy bien, buena preparación, situación económica solvente, apoyo familiar, pero ellos no son capaces de verlo y de encontrar la vía intermedia, “la tercera vía”, para fijar unas pautas y llegar acuerdos que unifiquen los criterios de acción educativa… Qué pena…

Durante este tiempo de “confinamiento” en general hemos tenido que modificar nuestra vida cotidiana, la situación nos ha obligado a estar con nosotros mismos, más tiempo que nunca, con las personas con las que convivimos y eso podría habernos dado un tiempo y un espacio de tranquilidad y de calidad, ya que la final, es lo que lo que hemos buscado y deseado. Pero no, para muchas personas, este tiempo ha sido lo contrario, tensiones, malestar y ansiedad, dentro de un ambiente irrespirable y muchas veces cargado de reproches y acusaciones… Qué pena… Qué pena…

Los humanos somos capaces de cosas sublimes, increíbles, que justifican nuestra presencia en la tierra, pero hay algunos que son incapaces de disfrutar, sentirlas o vivirlas.  Invierten toda su energía y sus capacidades en expresar, demostrar y sobre todo transmitir insatisfacción y crítica permanente. Es una forma de “tener opinión” de demostrar que existo. Y como existo señalo todo aquello que no funciona, y por lo tanto no disfruto con nada. Son aquellos, lo he visto y oído, que saben más de pintura que Velázquez o música que Mozart o de poesía que Neruda y así en muchas cosas, sin que nunca, hayan pintado un cuadro o escrito una poesía, etc.. Qué pena…

Ahora cuando los medios para la comunicación interpersonal se han desarrollado de manera maravillosa y es posible comunicarnos más rápida y eficazmente. Muchas veces se utilizan, para desinformar, confundir y distorsionar con objetivos perversos o simplemente hacerse fotos, para que mis amigos me vean: como estoy, como me visto y que hago. …Qué pena… Tanto conocimiento, usado tan puerilmente.

Qué pena que, teniendo recursos, habilidades y condiciones, haya personas que no puedan valorarlo y al concentrase en lo negativo no puedan ver las posibilidades de mejora que tienen a su alcance. Se debe cambiar el qué pena por el qué bien, aumentar la valoración positiva de lo que tenemos y tratar de “contagiar” actitudes de mejora y de esfuerzo.  Ser capaces de “iluminar” a todo lo que se encuentra dentro de nuestro radio de acción.

No se trata de aceptarlo todo. Se trata de conseguir lo mejor de cada situación, y a partir de eso, seguir mejorando, porque al no hacerlo de manera constructiva, estaremos más pendiente o centrados en lo que no funciona y no nos permitiremos mejorar.

Qué pena… Qué pena… Qué pena…

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Mis héroes

La posibilidad de riesgo sanitario extremo, que nunca pensé que podría suceder, está sucediendo. En ocasiones tan extremas, las personas actúan sacando lo mejor o peor de sí. Pueden verse comportamientos basados en intereses personales o particulares, muy concretos y mezquinos. En el otro extremo, personas que actúan en función de intereses y necesidades de otros, de manera altruista y muy generosa.

Quiero referirme aquí, a estas últimas, que son sin ninguna duda, la inmensa mayoría. Estos días he podido comprobarlo directamente. Y entre todos ellos, quiero hacer mención del personal de un instituto de educación de Madrid; sus profesoras, orientadores y otros más, que, desde sus casas, han estado pendientes de la actividad escolar y no escolar de sus alumnos.

He tenido el privilegio de vivir de cerca, el interés, la preocupación y sobre todo la generosidad de ese magnifico grupo docente. Durante este tiempo, han estado pendientes del campo académico, de estar en contacto con ellos, para que mantengan la actividad escolar en sus hogares, mediante el uso de los sistemas telemáticos. Y gracias a ese interés, pudieron detectar carencias diversas.

Se informaron que había estudiantes que no tenían acceso a ningún medio digital, incluidos, teléfonos móviles. Y estos EDUCADORES, de manera responsable se movilizaron y pudieron conseguir una veintena de “tabletas” que, en base a criterios muy concretos, repartieron. Además, consiguieron tarjetas de datos de teléfono, y así, casi todos podrían acceder a la red del Instituto. Llamaron a esas familias, para que fueran al colegio a recogerlas. Me tocó, como conductor, acompañarlo y lo viví.

Este grupo docente, comprobó que había familias sin recursos en situación de “alto riesgo”. Los estudiantes tenían, en la comida servida en el colegio, su comida central y por lo tanto ahora no la tenían. Por si esto fuera poco, el espacio físico de sus viviendas, muy limitado que hace difícil la convivencia; varias personas compartiendo una habitación, sin ingresos y sin poder salir por el estado de alarma.

Este grupo se movilizó, contactándoles con organizaciones de ayuda y apoyo, para recibir paquetes de comida; incluso crearon un fondo de su propio bolsillo, para ayudar a aquellos que, por diversas razones, no tenían ninguna posibilidad, al no tener documentación en regla o no estar incluidos en servicios sociales mínimos y otras razones.  Pusieron lo que podían, y así fueron entregando cantidades de dinero de manera continua.

Fue maravilloso observar esa sensibilidad y la solidaridad demostrada, de quienes no ganan mucho, pero sí entienden las necesidades y hacen de su trabajo un compromiso.

Ese es el verdadero sentido de educar, de formar: lograr comportamientos nuevos, ayudar para cambiar a mejor, en el más amplio sentido de la palabra. Pero eso sólo es posible, si se dan un mínimo de condiciones físicas, psicológicas y sociales.

Esto es lo que ese maravilloso grupo docente ha hecho; han facilitado las condiciones para que unos estudiantes, puedan seguir siendo estudiantes y así ayudarles a ir hacia adelante.

Lastimosamente, algunos docentes no pudieron participar, pero a los que lo hicieron, les reconozco como mis héroes.

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Manipulación

El lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense, Noam Chomsky de origen judío, al que el New York Times ha señalado como «el más importante de los pensadores contemporáneos». Escribió un artículo, donde señalaba estas ocho estrategias que utilizan los medios para la manipulación mediática. Y son:  1. Distraer: evitar que la gente se fije en los temas importantes de verdad.  2. Crear problemas: para ofrecer después soluciones. 3. Gradualidad: Imponer normas inaceptables poco a poco para evitar revoluciones. 4.  Diferir: Es más fácil asumir un sacrificio futuro que uno inmediato. 5. Infantilizar: tratar a la gente como niños. 6. Idiotizar: Hacer creer que ser estúpido, vulgar y mediocre es una moda. 7. Emocionalidad: fomentar que la gente sea más emocional que crítica. 8. Autoculpabilidad: hacer que los individuos se depriman, inhibiendo así sus acciones.

Puede que, sino la totalidad de las estrategias, al menos alguna es utilizada regular, concienzuda y deliberadamente.  Teniendo en cuenta el punto 7, no estamos “educados”  a actuar crítica y reflexivamente.

La clásica política autoritaria, empieza con censurar, después prohibir y finalmente castigar. Eso lo han hecho, históricamente, todos los gobiernos absolutistas. A pesar del inmenso avance tecnológico, y de capacidad de comunicación interactiva, en vez de crear programas educativos de reflexión, critica y análisis. Se trata de “controlar” la información, porque el ciudadano es un niño que no puede comprender y actuar libremente con conocimiento y reflexión.

Por ello y sabiendo que los ciudadanos no somos tontos o idiotas, es fundamental y necesario crear espacios de debate y discusión libre.  En otras palabras, reforzar la libertad de expresión, para que los ciudadanos puedan ir conociendo, y por lógica seleccionando.

Ciertos grupos, no quieren buscar el conocimiento y que ya tienen la verdad absoluta, son los fanáticos de las “creencias verdaderas”.

No aprendemos.  Desde los comienzos de la humanidad hasta nuestros días, hay una larga y antigua historia de “iluminados”. Debemos luchar para que esos “cerebros preclaros”, no tengan el poder para imponer sus limitadas y fanáticas ideos o principios.

Ya no es tiempo de silencio, la tolerancia se termina cuando se ponen en riesgo aspectos fundamentales del desarrollo humano, que tanto esfuerzo y tiempo ha costado conseguir, véase La declaración Universal de Derechos Humanos, –proclamada en París, el 10 de diciembre de 1948- Establece, por primera vez, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero.

Por eso, contra la línea de imparcialidad, que he mantenido regularmente, hoy defiendo la libertad de expresión, y pido que se fortalezca la capacidad de reflexión crítica, como mecanismo básico para fortalecer nuestro sistema de gobierno, y sea finalmente, verdaderamente democrático.

No necesitamos “salvadores o iluminados” que casi siempre buscan que la sociedad sea la que ellos quieren que sea. Incluso podemos observar que hay algunos que públicamente prometen cumplir o acatar, por ejemplo, la constitución y luego, en absoluto lo hacen.

Según ellos el fin justifica los medios. Y eso siempre, lo han dicho, todos los que construían sus “propios paraísos”, donde no tienen cabida más que ellos mismos.

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Mi alegato

Hace unas semanas, en una carta el presidente de Amnistía Internacional escribía: “Aleida Quintana, es una joven mexicana. Estudiante de antropología social, y como trabajo académico se puso a confeccionar una base de datos de personas desaparecidas. Recogió información sobre niñas y mujeres secuestradas para ser esclavizadas en prostíbulos o como sirvientas en casas”.

“Metió las narices en un mundo sórdido, el de las mafias. Después de muchas amenazas e intimidaciones, ahora está en España bajo un programa temporal de protección”.

“Aunque ha pasado muchas noches en vela con todas las persianas bajadas por temor que entraran sicarios a matarla, la indomable Aleida, quiere, cuando pueda, regresar a México para proseguir con su labor de rescate. Le pregunté cómo se atrevía después de todo lo sucedido. Me dijo: Después de todo lo que he visto, no puedo hacer otra cosa”

Es un ejemplo de todo lo que puede estar sucediendo a nuestro alrededor.

Hay muchos mundos en este. Y ahora, como nunca, tenemos información y conocimiento de casi todo. Al haber aumentado nuestras capacidades tecnológicas, nuestras fronteras se han extendido, tanto en lo personal como en lo colectivo. Nuestro espacio, ya no sólo está limitado por nuestra realidad, nuestra propia experiencia, conocimiento o sensaciones particulares. Ahora, y cada vez más, nuestras fronteras se amplían y se hacen más tenues y flexibles.

Lo que me pasa a mí, ya no solo me pasa a mí. Mi bienestar está relacionado con el bienestar de otros.

Entender y aceptar esa situación, es el punto de partida para empezar a cambiar y tratar de avanzar colectivamente.

El virus afecta a casi todo el planeta y nos obliga, de manera radical a cambiar, por ahora, nuestra vida cotidiana. Cuando pase y lo hayamos superado, podremos pensar y actuar sobre el camino futuro, si seguimos haciendo lo mismo o empezamos a actuar más inteligentemente.

Pero hay otras situaciones, que una vez que superemos esta crisis seguirán “vivas”, causando muerte y dolor. Hablamos de explotación, esclavitud, pobreza y otras.

Debemos modificar muchas cosas y situaciones y seguramente debemos empezar con las esenciales. Y las esenciales no sólo hacen referencia a la salud y posiciones.  Sino también a la ampliación de los derechos humanos, a todos los humanos. Lo único que hace falta para cambiar el mundo es cambiarnos a nosotros mismos.

Debemos mirar con mirada solidaria e integradora. Todos estamos relacionados unos con otros, estamos fuertemente interrelacionados.

Ha llegado el tiempo de un cambio de paradigma. De lo tuyo a lo nuestro del espacio propio al espacio compartido, haciendo que los valores que se predican dejen de ser palabrería y se conviertan en acciones, en hechos concretos y tangibles. Lo demás es manipulación y demagogia.

Es mi alegato, triste, indefenso y desesperado para tratar de conseguir que las cosas cambien.

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UNA PARADOJA

En un lugar público vi a una mujer de casi 50 años, de pie, conversando con una mujer de unos 20. Supe que eran madre e hija, porque a pesar, de que habían empezado a hablar en voz “normal” a media que pasaron los minutos, la más joven fue subiendo el tono y todos los del alrededor nos pudimos, a pesar nuestro, enterar de lo que le decía.

Reprochaba a la madre, que se dejaba tratar mal, que su jefa  la humillaba y la ninguneaba y que por lo tanto no la respetaba, que callaba, bajaba la cabeza, y según la hija, aceptaba  como la trataban.

Lo verdaderamente paradójico, está en que la hija, quería que su madre se enfrente y ponga fin a esa situación: “quiero ayudarte y que superes esa situación humillante…..humillándote” Además, en público, la madre se movía inquieta y avergonzada de un sitio para otro, pero la indignación de su hija era tan fuerte, que le impedía darse cuenta de lo que su madre estaba pasando en ese momento.

Pensaba acercarme a esas mujeres, soy así, y preguntarle a la hija que sí quería ayudar a su madre, porque la castigaba. Mientras lo pensaba las mujeres abandonaron el local, la madre casi corriendo. ¡Qué pena! Una indignación justa y una acción de apoyo, transformada en reproche-

Eso pasa a menudo, sobre todo con las personas más cercanas. Cuando alguien hace algo que no consideramos correcto y simplemente que no nos parece bien. Después de siglos de inmersión en una cultura religiosa y socialmente castigadora, hemos aprendido a tratar de controlarlo mediante cualquier modalidad de castigo.

Va siendo hora de que nuestra evolución cultural y tecnológica, nos ayude a aplicar mecanismos de refuerzo a las acciones “buenas” y no de castigo a las “malas”.

Tenemos datos que indican, para que el castigo funcione, son necesarias algunas condiciones, una de las cuales hace referencia a que éste, debe ser inmediato e intenso. Y tan intenso que produzca rechazo a la acción que se castiga, y aún así el resultado es muy discutible.

Por eso; debemos trabajar orientándonos al refuerzo, a enseñar la acción “correcta”. Esto  requiere tener criterios claros que permitan proporcionar habilidades, conocimiento y destrezas para alcanzar los resultados positivos buscados.

Entre otras cosas el castigo, produce engaño y escape. Si me castigan por decir la verdad y la mentira me permite estar bien. Es evidente el camino que cualquiera seguirá.

No olvidemos el castigo, no ayuda a desarrollar aprendizaje de comportamientos “adecuados”, debemos reforzar acciones asociadas a los valores que queremos conseguir y no estar siempre castigando a comportamientos alejados de esos valores.

Aunque parezca difícil de ver y creer el refuerzo positivo es la herramienta más poderosa que tenemos para conseguir personas sanas, honradas, responsables….

 

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Gladiadores contra el cáncer

No suele ser frecuente, pero esta mañana mientras desayunaba en la cafetería, no pude evitar la tentación de sumergirme en las letras de los periódicos. Y navegando, entre muchas “nimiedades” me encontré con una isla de esfuerzo y valor.

“En el aula escolar del Hospital La Paz, en Madrid, se respira compañerismo, cariño, respeto y mucha ilusión. Cada mañana acuden a clase los menores hospitalizados para no perder su ritmo académico ni el vínculo con la vida que tenían fuera antes de que tuvieran ingresar por su enfermedad. Hoy es el Día Mundial contra el Cáncer y LA RAZÓN comparte con los niños y adolescentes que se recuperan en este centro hospitalario una jornada llena de magia. https://www.larazon.es/sociedad/20200204/wkimfdfepzeitkim5pebunj7om.html

Lo primero es reconocer el trabajo del equipo docente en esa aula escolar, que no es la única, hay en Ramón y Cajal, 12 de Octubre y otros. Es un maravilloso intento de que la enfermedad, dentro de su gravedad, no “rompa” la vida activa que esos niños y niñas y que de alguna manera continúe con su preparación e ilusión para cuando vuelvan a la vida sigan conectados y no doblemente aislados, escolar y socialmente.

El trabajo en esas aulas, requiere una sensibilidad y formación técnica y humana importantes, ya que como dice la nota: todo el equipo docente son mucho más que profesores, son también un apoyo emocional. «Hay algunos que llevan ingresados bastante tiempo, otros que acaban de llegar y están asustados, otros que les acaban de dar una noticia buena o mala… Hay que hacer malabares didácticos para conciliar todas las necesidades», reconoce uno de los profesores.

El trabajo del matutino, visibilizo todo ese inmenso, útil y necesario trabajo con los pacientes de cáncer y ahí podemos detenernos y hacer una sencilla reflexión, y debemos pensar no solo en los pequeños pacientes, también en sus familiares, madres, padres, hermanos, etc, y que en muchos casos se ven inmersos en un mundo doloroso e incierto.

Escribo esto, no para proponer algo, sino y tan solo para decir que he tomado consciencia de que hay personas que trabajan y tratan de hacer que la vida continúe, donde se trata de ganarle cada día, milímetros al dolor y la muerte.  Y por eso el titular me parece de los más apropiado, pero no solo para los pacientes, sino para todo el personal docente, sanitario, administrativo, etc. Y de verdad son: Gladiadores contra el cáncer.

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Nuevos tiempos. Hacia el escepticismo

Hace unos días, pude asistir a una charla coloquio: “La era de la posverdad: fakes y noticias falsas”.  Fue muy interesante y sobre todo me permitió comprender que estamos viviendo en una época de “desinformación” y de falseamiento delibrado de la realidad, con las más increíbles intenciones o fines.

Ahora cualquiera puede generar una noticia, con los medios de comunicación social tan rápidos, versátiles y sobre todo de tan fácil utilización se puede publicar, enviar o editar cualquier cosa.

Es interesante, ese continuo envío de “noticias” produce saturación, donde poder seleccionar lo que se va a atender, que en sí mismo es todo un trabajo. Y no digamos sobre lo que es cierto o lo que tiene alguna base de comprobación, en contraposición con lo que no lo es. Y es ahí el campo abonado para las “fakes news” donde destaca sobre todo el concepto de intencionalidad, unido a la idea de falsedad.  La Fundéu BBVA recomienda el uso de la expresión noticias falseadas, debido a que el adjetivo «falseado […] sugiere un matiz de adulteración o corrupción premeditadas».

Pues bien; ante el torrente de noticias falseadas que circulan por todos los medios y muchos de ellos “oficiales” cadenas informativas, partidos políticos, organizaciones e instituciones con relevancia en la sociedad, los ciudadanos, hemos terminado por no aceptar, no creer ninguna noticia o información, o al menos relativizarlas considerablemente.

Lo que sucede, es que las personas con cierto grado de reflexión consultan varios medios a fin de encontrar claridad y formarse una propia opinión. Esta acción es la base de una búsqueda, de no conformidad con lo que de primer contacto se obtiene.

Dicho de otra manera, ya no nos creemos todo, ahora, debido a ese mundo de falsedad de noticias e información, las personas están caminando hacia el escepticismo, que en este contexto podría interpretarse como desconfianza, duda, recelo, etc. Pero a la vez es también una forma de ver de comprobar o creer. Ser escéptico, no significa no creer, significa: estoy dispuesto a aceptar lo que veo, siempre y cuando me lo demuestres con hechos y acciones concretas.

En esta época de sobre carga de información, datos y conocimientos, se produce un verdadero cambio en la actitud de las personas y se desplaza desde un simple nivel de aceptación y credibilidad, hacia un verdadero recelo. Se esta evolucionando de la credibilidad a la búsqueda y comprobación.

El manejo de la información ya no solo será para la información, se extiende y se extenderá sobre todas las áreas de nuestra actividad, la política, el gobierno, la religión y todo. Ya no “creo” ahora necesito comprobación, es necesario tener más datos, argumentos y sobre todo hechos verificables.

La saturación de la información produce intoxicación, por eso de manera natural, se selecciona, y debido a eso posiblemente ingresemos a una nueva era, donde las hechos y datos, deberán ser la base de lo que acepto, creo y comparto.

Parece que estamos entrando a una época de escepticismo, donde los “predicadores” del tipo que sea, tendrán que convencer mediante razonamientos y hechos contrastados, en vez de solo pedir creer, como actos de fe o simplemente dogmas.

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ALIPORI

Esta palabra la usaba Eugenio d´Ors y significa: “sentir vergüenza ajena por algo concreto”. Y tal  como se presentan las cosas, hay muchas situaciones para poder hablar de alipori,  como escribe un columnista, y a modo ilustrativo cito uno de sus ejemplos: Hace poco una parlamentaria andaluza condenaba a los Reyes Católicos, “por haber perseguido a los judíos que son los creadores del flamenco” Es difícil reunir más disparates en tan pocas palabras.

Ese es solo un minúsculo ejemplo de la cantidad de tonterías que se pueden decir, pero eso hoy no tiene ninguna relevancia, es pasado, cuando lo leí, solo sentí vergüenza ajena, alipori,  por esa persona. Pero cuando las tonterías, se refieren al momento actual, e influirá a muchas personas,  ya no es una tontería, ya no hay alipori. Ahora hablaríamos de intencionalidad, manipulación y varias cosas más, que están invariablemente relacionadas con intereses específicos, casi siempre inconfesables y que por supuesto buscan el beneficio de quienes las “sueltan”.

Es tiempo de ciencia, de conocimiento. Lo importante no es lo que se dice, sino lo que se hace. Lo cierto es la constatación, no la promesa. “Hechos son amores y no buenas razones”….

Son tiempos interesantes, de cambio y por lo tanto  de reflexión y comprobación.

Al mismo tiempo es monumental el bombardeo con información de situaciones de todo tipo, casi sin ninguna verificación. Y lo grave no es eso, sino que una vez recibida se distribuye rápidamente. Esta fue la base de la propaganda Nazi, dirigida y articulada por Göbbels, que sostenía, muy convencido, que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”  ejemplo final de ello: “Con el «Reich» en llamas y la «Wehrmacht» retrocediendo en todos los frentes, aún lograba que amplios sectores del pueblo alemán pensaran que la victoria era posible”.

Hoy con un sistema ilimitado de transmisión de “información”, y que posibilita la intoxicación a niveles que nunca antes lo habíamos imaginado, y sobre todo tiene un fuerte impacto en millones de personas.

Y según aquello de una “Mentira repetida…” al momento que cualquier información circula, se multiplica y ha a medida que aumenta su número de veces, es cada vez más verdad.

Una sociedad democrática, culta y libre, trabaja mucho en la diversidad de ideas, criterios y opiniones. Se construye buscando juntos las respuestas a las dudas, buscando conocimiento, y no tratando de ganar en la confrontación.

No se trata de tener razón, se busca conocer y compartir el conocimiento y aceptar que no hay verdades absolutas, ni nadie las tiene en propiedad. Lo difícil es buscar la “verdad”, aceptar opciones y lo más importante estar dispuesto a cuestionar de manera racional, las creencias y verdades propias y por lo tanto estar dispuesto a ser un escéptico.

Es decir: estoy dispuesto a aceptar todo lo que puedas demostrar que existe, plausible y razonadamente.

 

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Mi padre: Un sin techo

José (siempre José) un hombre joven, durante un momento de la comida con amigos, me dijo que quería comentarme algo. Me pareció serio y preocupado.

Posteriormente me comento que había visto a su padre, y que preferiría no verle. Me lo dijo con voz tranquila y con un fuerte dejo de tristeza, que su padre era un sin techo. Que vivía en la calle y que la mayoría de las veces estaba bebido.

Siguió explicando que el verlo le provoca una cantidad de sentimientos encontrados, desde pena y dolor por verlo como esta, hasta rabia y frustración. Me dijo que no sabe cuál podría ser la mejor forma de manejar esta situación. Pero lo que más le preocupa es que muchos días, su padre, se pone en la acera cerca del trabajo de su madre, o sea su ex mujer, para saludarla y pedirle algún dinero. Entiende que está desesperado y que no está bien, pero hace mucho tiempo que desistieron de ayudarle, no es posible. Tan solo quiere saber cómo ayudar a su madre y como enfrentar esta triste y dolorosa situación, de ver a su padre hecho una piltrafa y durmiendo en la calle.

Independientemente de lo que pudimos hablar, lo que aquí quiero reseñar es, que nunca me había puesto a pensar, que muchas de esas personas, los “sin techo” tienen familia. Sabemos que las difíciles situaciones de la vida, a veces nos hacen tomar malas decisiones; situaciones laborales adversas o complicadas, rupturas de apoyos o grupos sociales, condiciones personales asociadas a conflictos o dependencias, pueden llevar a ese tipo de situación de vida.

Pero que dolor saber y ver a un familiar como, tu padre, madre o hermano, en la calle. Con poca salud, poco limpio y vestido de mendigo. ¿Cómo superar eso? Cómo poder saborear la vida, las cosas y el bienestar que puedes tener, pensando que alguien cercano no puede hacerlo. Además de aceptar la impotencia de que no puedes hacer nada, que lo has intentado y como me dijo José, “mi hermano lo llevo a su casa para, ducharse, le dio un espacio, cama y comida, pero no sirvió de nada, cuando pudo se marchó, llevándose algunas cosas de valor”. En este caso el consumo de alcohol es lo que marca su conducta, junto con su grupo de bebedores en algún parque o escalera púbica.

Supongo, que como todo, ¿Cómo se aprende a vivir con esto?, ¿Y esos hijos que pueden transmitir?,  ¿Qué pueden contar?, cuando construyan  otra familia. Me imagino que lo difícil, pero lo más sano es la verdad, pero también asumo que no es lo más fácil o tranquilo.

Escribo esto, no porque tenga alguna respuesta, sino porque es algo importante que le sucede a mucha gente y no quería ignorarlo, pero sobre todo quiero reconocer la generosidad de José y cómo superándose es capaz de transmitir amor y sentido positivo a las personas que le rodean. Es un ejemplo.

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