Yo soy firme…

En una sociedad cambiante como la que estamos viviendo, la actitud mental, la forma de enfrentar y entender todo lo que sucede a nuestro alrededor está totalmente mediatizado por la información, conocimiento y sobre todo; opiniones que “sobrevuelan” a nuestro alrededor y dentro de nuestros entornos.

El momento actual, está saturado de información y conocimientos (no siempre verdaderos, honestos y sinceros).

Por eso, es lícito preguntarse, indagar más allá de la “primera página”, de  la “portada” y buscar más allá de un solo medio, de un solo recurso, contrastar la información que nos llega.

No debemos olvidar que tal como están las cosas esa información nos llega. Por eso debemos cambiar la situación, debemos ser nosotros los que la busquemos, así podremos escoger, seleccionar y sobre todo ampliar nuestro universo. Debemos ser activos en la búsqueda del conocimiento y de los hechos concretos, no de las opiniones que la mayoría de las publicaciones dan sobre hechos, opinando sobre lo que cuentan, cargándoles de su propia ideología o creencias. Y terminan afirmando (obviamente, no directamente),  que “su verdad” es la verdad.

Por eso una profesión muy de moda hace referencia a  ”opinólogos”,  personas que reciben importantes cantidades de dinero, por dar su opinión, en cualquier medio,  sobre  casi cualquier cosa, aunque de la mayoría de las cosas,  no tengan un conocimiento razonable y sostenible al más elemental análisis de sus fundamentos.

Debemos intentar recuperar el dominio y control de la información que nos llega, que aceptamos y que asumimos. Por eso; como ejercicio sería útil el acercarnos y buscar fuentes de información, diferentes a los que cotidianamente consultamos. El ejercicio “mental e informativo” consiste en que a partir de datos, hechos  o situaciones, consultarlos en todos los medios posibles, incluso, y sobre todo, en los que escriben y opinan todo lo contrario a todo lo que creo o pienso.

Se trata de “alimentarse” de contrastar, de conocer lo que opuestos piensan y así formarse una opinión más amplia, más equilibrada y sobre todo más rica de información o cocimiento. Abrir nuestra mente, de darle una oportunidad al conocimiento, a la búsqueda de la “verdad”, o al menos acercarnos lo máximo posible, de manera que tengamos opinión propia, criterio, para así poder cumplir aquello de “libertad de pensamiento” al margen de toda la presión que existe, y que trata de continuar y mantener posiciones interesadas.

Hablamos de siglos de “adoctrinamiento”, donde se ha manipulado toda la información, pero no es tema del pasado, todavía hay grupos de interés que mantienen programas, planes de adoctrinamiento, y ahora es más fácil ya que se dispone de inmensos recursos tecnológicos para hacerlo, uso de la televisión, la información digital, los aparatos de comunicación, etc…

No debemos perder de vista justamente que parte de ese “lavado de cerebro” tiene mucho que ver con:  “Yo tengo la razón y los demás están equivocados”. Y como señala Bertrand Russell: “Yo soy firme, tú eres obstinado y él terco como una mula”.

Ya sabemos  que,  el árbol está mal aparcado y la columna se movió..

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MODELOS…

“ Un padre dijo a su hijo: Ten cuidado por donde caminas.                                                         El hijo responde: Ten cuidado tú. Recuerda que sigo tus pasos…”

Muchas veces, las personas actúan de manera responsable y eficaz, delante de otras personas y son,  sin proponérselo, “modelos de actuación”.

Si queremos que nuestro entorno, sobre todo lo relacionado con nuestra familia, desarrolle convivencias equilibradas, relaciones sanas y constructivas,  debemos tener muy claro que tendremos que ser, como faros que iluminan, como  guías  a seguir, y  por lo tanto modelos.

Todo lo que hacemos tiene repercusiones, y por lo tanto influye directamente en todo  nuestro alrededor,  a su vez influye en nuestro  propio comportamiento, en nuestra forma de sentir y de pensar.

No deberíamos olvidar que nuestra convivencia está basada en la calidad de las relaciones, en el respeto a las reglas que explícita o implícitamente generamos y aceptamos. Por esto: el modelo; los modelos son importantes, sirven para avanzar, si son “buenos” y sobre todo mejorar.  Un buen modelo de ninguna manera es una acción concluida o cerrada, es una pauta, un rumbo para que otros puedan avanzar por él.

Y si esa ruta nos lleva a objetivos más altos, mejor.  Pero también puede suceder que el sendero señalado, lleve al  precipicio o al desastre y eso puede ser un problema. De aquí la importancia de saber lo que hacemos y sobre todo lo que transmitimos.

Nuestras acciones no son trivialidades, son importantes para las personas que nos rodean, y más aún para los que de alguna manera significamos algo.  Estoy vitalmente convencido de que una inmensa mayoría sabe de esto y desea ser un buen modelo.  Otra cosa son las condiciones, herramientas, pautas que se tienen y que se pueden utilizar en cada momento.

Ser modelo, no significa serlo en una situación esporádica o eventual, nos referimos al día a día, al modelado constante. Se trata de transmitir valores, pautas de comportamiento,  que facilitan o ayudan a la convivencia. Aprendemos por modelos.

Si queremos ayudar a la generación que viene y queremos que aprendan cosas nuevas es importante que a pesar de nuestras propias carencias, actuemos como modelos.

Eso significa que debemos trabajar con nosotros mismos, y en mejorar todo lo que nos rodea. Pero no se trata de imponer o castigar, sino de modelar constructivamente para una convivencia mejor.

Esto debería ser tenido en cuenta por todas aquellas personas que pretenden liderar o dirigir nuestra vida y administrar nuestras instituciones.  Pensemos que al darles nuestra confianza, le damos la responsabilidad y autoridad para que nos sirvan bien, a la vez que sean modelos para construir una sociedad mejor, más justa y fraternal. Que no se olvide…

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El castigo como estilo de vida

                                                                   Una sociedad se embrutece más, con el empleo                                                           habitual de los castigos, que con la repetición de los delitos                                                                                                                                           Oscar Wilde

Durante los últimos años de su vida, Stalin, solía pasar largos periodos de tiempo encerrado solo en sus estancias y un soldado se encargaba de recorrer el pasillo que discurría fuera de ellas. El ruido de sus pisadas era lo único que se atrevía a invadir el silencio. Por aquel entonces el terror era parte esencial de su gobierno. Durante sus discursos los aplausos se alargaban penosamente, por encima de los 10 minutos en ocasiones, ya que nadie se atrevía a mostrar un fervor inferior al resto que pudiera levantar sospechas de inconformismo. Cualquier indicio de disidencia podía ser castigado con la cárcel, siendo deportado o con la muerte. El soldado conocedor de esta situación decidió quitarse las botas durante su guardia para importunar lo menos posible a Stalin. Su respuesta no se hizo esperar. Al parecer el paso del soldado mantenía tranquilo a Stalin, le recordaba que mientras el sonido de las botas continuara escuchándose él estaba protegido y podía estar tranquilo. El soldado fue ejecutado por poner en peligro su seguridad.

No debemos perder de vista que deliberadamente los regímenes autoritarios hacen que la gran mayoría de la gente viva en un estado de alerta. Cuando se alienta y se vive bajo la amenaza del castigo, la desconfianza se asienta en el ambiente y se refuerza el aislamiento y el individualismo. La convivencia se convierte en una competitiva lucha por la supervivencia. Y eso es exactamente lo que los dictadores buscan y consiguen. La mayoría de la gente vive en un estado de alerta. Entonces se produce un importante fenómeno psicológico, se cambia las acciones positivas que permiten una interacción solidaria, respetuosa y considerada, por un estilo básico de escape y evitación. Donde lo importante es callarse, secundar las acciones con las que para nada estoy de acuerdo, incluso me disgustan, y así evitar consecuencias graves. Y si no, queda tan solo el recurso de escapar, cosa que no es nada fácil, ya que te obliga a dejar tu familia, tus pertenencias, amigos, recursos y actividades, en síntesis, dejar atrás toda tu vida.

Sabemos que el refuerzo positivo es la vía natural de todo aprendizaje. Pero es cierto que personas e instituciones con fines mezquinos, en vez de buscar la felicidad, bienestar y libertad en los ciudadanos, buscan mediante el miedo, el temor y el castigo hacer sujetos “dóciles”, con baja capacidad de reflexión o crítica para así poder controlarlos.

Deberíamos ser capaces de analizar todo lo que hacemos, nuestro sistema educativo, nuestras organizaciones, los gobiernos, la forma de gestionar nuestras relaciones, tanto en la familia como con el entorno social. Analizar y evaluar, si reforzamos eficaz y de manera regular aquellas conductas que ayudan a las personas a ser libres, independientes, respetuosas y sobre todo tolerantes con aquellos que son distintos y diferentes. Debemos estar alertas y desconfiar de aquellos que, directa o indirectamente, justifican cualquier tipo de castigo para conseguir sus fines.

Nuestro comportamiento, debe estar totalmente alineado con los principios, ideas y conceptos sobre el reforzamiento positivo para construir un mundo mejor. No debemos olvidar que siempre es más fácil usar el castigo, pero aprender por refuerzos es más sólido y permanece consistentemente en medio de las dificultades.

Finalmente, algunas preguntas que deberíamos plantearnos ¿Nuestra sociedad, y con ella nuestras organizaciones y relaciones, están basadas en el castigo o el refuerzo? ¿Se facilita y se recompensa la cooperación? ¿Qué modelos observamos en nuestro entorno?              

 

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Pedir un autógrafo….

En este mundo complejo e interesante pasan cosas. Algunas buenas, o muy buenas, pero y otras no tanto o simplemente absurdas. Pero las peores tienen que ver en cómo estamos gestionando el futuro, que tiene mucho que ver en cómo estamos transmitiendo valores, creencias y principios éticos a toda la nueva generación que tomará el relevo y obviamente son el futuro.

Hace un par de semanas, una mujer declaraba con alegría ante una cámara de tv, a la puerta de un Juzgado, que no había llevado a su hijo al colegio y lo había traído a la salida del juzgado, para que pueda ver a su “ídolo”, el jugador de futbol C. Ronaldo, para obtener un autógrafo y hacerle una foto con él, para que lo pueda mostrarlas en el colegio.

Y no dudo que obtener la firma, tener una foto y estar cerca al futbolista a ese niño, lo haría feliz: estaría contento.

Ahora bien: como le explicamos, a ese niño y otros muchos no tan niños. Como señala un medio de comunicación, que el Sr. Ronaldo, salía del juzgado de formalizar un acuerdo con hacienda, de cambiar dos años de cárcel por una multa, y que no salía de una gala de premios, aunque por lo visto, a muchos de los que estaban esperándole les parecía.

Puede ser un “ídolo”, pero  ha cometido, no uno, sino cuatro delitos fiscales y estaba ahí para arreglar sus cuentas con la justicia. Pero lo preocupante es que eso no parece tener ninguna importancia, que sea un defraudador, probado y condenado, no significa nada, lo importante es que es famoso.

Y ese “parece” ser el estilo sobre el que valoramos las acciones de las personas. Debemos ser capaces de ver los hechos, acciones, por lo que sucede, por las consecuencias y en función de esto valorarlo. Y no como parece que hacemos ahora, aunque no siempre, pero si muchas veces, en función de la relevancia, simpatía o afinidad con los personajes.

Debemos ser capaces de analizar, entender y sobre todo actuar en función de las acciones, en base a referencias valóricas básicas y no relativizándolas.

Estamos relativizando todo lo que sucede, de manera que acciones infames, son justificadas, tan solo porque las vemos, comprendemos o simplemente las analizamos desde nuestra propia posición. Es como aquel  principio, tan esencial, religiosamente sostenido, de no matar. Aaahhh, pero si va contra mi dios, merece morir, aunque el mismo dios haya dicho prohibido matar.  Y de eso a todo lo demás. Y en esa relativización, se relativiza también el delito, la acción. No veo lo que sucede, si no, que lo interpreto en función de mis valores, mis creencias teniendo en cuenta mis simpatías o rechazos. En este caso el ser simpatizante del equipo de futbol donde jugaba. Esto es preocupante, porque muchas de las barbaridades qué durante la historia de la humanidad, han sucedido a partir de esa relativización partidaria y sectaria. Debemos construir un mundo más justo, solidario y fraterno, haciendo que nuestra siguiente generación sea coherente con valores y principios y no los relativice y los acomode en función de sus necesidades y creencias.

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Puede que no signifique nada…

Hace un par de semanas, visitando un templo en Sri Lanka, ahora no soy capaz de precisar cuál era, tuvimos la posibilidad de ver, sentir una bonita y sencilla experiencia.

Puede que no signifique nada, pero a lo mejor puede tener mucho sentido

Cuando llegamos al parque donde está el templo budista que queríamos conocer, observamos algo inusual en éste tipo de lugares; la presencia de unos cuantos militares, repartidos por el parque, eran pocos, pero nos llamó la atención. En todo el tiempo que estuvimos visitando la isla, no habíamos visto esto.

El templo de Buda está en la gruta dentro de la roca. Delante hay una especie de jardín grande que tiene arena, flores, césped y piedras. Para ingresar a ese espacio es necesario, como siempre, descalzarse y llevar la cabeza descubierta. Una vez dentro puedes sin ninguna dificultad o impedimento circular. La gente hace sus ofrendas de flores y se queda un rato con las manos en actitud de oración.

El día que estuvimos, había  más personas de lo que habíamos estado observando en otros templos. Y lo relevante, y eso también nos llamó la atención, monjes delante de la “gruta” como si estuvieran esperando algo o a alguien.

Ciertamente era sí, de pronto vimos venir un grupo de personas que rodean a alguien y nos enteramos que era el primer ministro del gobierno de Sri Lanka, que venía a presentar saludos y a participar en alguna ceremonia. Vino como todo el mundo, sin zapatos y descubierto, presentó una ofrenda y se sentó junto a los monjes. Y mientras eso sucedía todo el mundo podía estar circulando libremente por el jardín y cualquier sitio.

Puede que eso no signifique nada, pero los que vivimos la experiencia no pudimos menos que reflexionar, sobre la tranquilidad, la normalidad y sobre todo la sencillez de la visita del político. Lo más llamativo fue la presencia de fotógrafos y algún grupo de colegio. No había demostración de poder, era muy natural. Toda la situación, transmitía sensación de normalidad.

Puede que eso no signifique nada…pero si reflexionamos con lo que vemos o vivimos en las muchas situaciones, en que nos topamos con muchos de nuestros políticos, donde no es posible ignorarles y no verlos o escuchar las sirenas. Y no sólo con el coste económico que tiene,  decenas personas de trabajando, sino también la demostración constante de que no están para servirnos, sino para recordarnos que son valiosos y por lo tanto nos hacen el favor de ocuparse de nuestros asuntos y que no sabríamos que hacer sin ellos.

Esta experiencia, puede ser solo una percepción, pero no dejo de preguntarme después de tanta vida vivida, y cientos de “servidores” vistos, y sentidos, me he preguntado: “por qué no he tenido una experiencia, al menos parecida”. A todos nos hubiese ayudado a ver las cosas de otra manera, tener ilusión y esperanza en un mundo mejor y sobre todo confianza que los que nos representan, lo hacen de verdad y no que solo representan sus intereses personales o partidistas?

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